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PRINCIPIOS DE LA MACROSOCIOLOGÍA

 

 

Más que triplicada a lo largo del siglo XX y cuando menos duplicada a lo largo del presente siglo, la población mundial pone a ruda prueba los lazos sociales establecidos entre los hombres. Tanto a escala mundial como a escala nacional o local, la sociedad gana en complejidad y en opacidad. El arte de gobernar los Estados, las empresas y los aparatos, las masas inmensas y los grupos restringidos, está débilmente esclarecido por las ciencias sociales todavía balbucientes. Torpe para administrar la rutina de lo cotidiano y los desórdenes de la superficie, este arte se hace todavía más titubeante cuando trata de operar más profundo o de apuntar más lejos.

Ya se trate de transformar a la sociedad o simplemente de mejorar su funcionamiento ordinario, es necesaria una macrosociología explicitando la naturaleza y el devenir de los objetos sociales voluminosos, comenzando por los más abarcadores y los más apremiantes. De una macrosociología, es decir, de una ciencia social atenta a las cadenas de interdependencia que unen a los hombres, a los enormes ensamblajes en donde estas relaciones sociales se aglomeran, a las estructuras perennes formadas por la conjugación de tales ensamblajes, a las presiones conservadoras y a las tensiones innovadoras que se manifiestan en todos los pliegues de ese cableado social.

 

Hablando con propiedad, esta sociología-por-millones-de-hombres debe ser una macrosociología histórica. En efecto, dicha sociología debe desbordar de las ciencias políticas, las cuales prestan más atención a los aspectos geopolíticos de los objetos voluminosos que a veces estudian que a sus aspectos económicos y culturales. Desbordar, asimismo, las ciencias económicas fascinadas por un mercado que se mundializa, pero poco atentas a la profundidad de campo histórico de los objetos que dichas ciencias consideran, y a las adherencias de estos objetos al mundo extra económico, lleno de cultura y en donde la política se despliega. Debe suplir a las ciencias culturales cuyos objetos son infinitamente variados, pero raramente considerados en el nivel donde la cultura de una sociedad se hace en entero visible, sin entregarse prematuramente al sólo examen de las civilizaciones que aparentan varias sociedades. Debe abrazar de un sólo movimiento lo que las ciencias económicas, políticas y culturales disocian casi siempre, y que las sociologías rara vez saben ensamblar en totalidades coherentes en buena escala. Debe también hacer fondo en la historia, más que en la actualidad; cuanto más que las permanencias y los dinamismos de larga duración tienen ventaja sobre los acontecimientos y las coyunturas, siempre que se trata de hacer inteligible el devenir de las sociedades y de los pueblos, así como a los sistemas mundiales que los ensamblan.

Todavía hay que justificar esas afirmaciones y todas las otras proposiciones teóricas o metodológicas que deben completarlas para hacer operacional esta macrosociología. Es a lo que van a consagrarse los textos presentados aquí a continuación, algunos de los cuales resumen las amplias investigaciones que en otras partes he detallado; otros esbozan a grandes rasgos las exploraciones de igual importancia, a la cuales no he tenido la oportunidad de consagrar el tiempo que merecerían. Profundizadas o simplemente jalonadas, estas pesquisas presentan un mismo rigor teórico, el cual garantiza su coherencia, cuando no su pertinencia; como toda ciencia, la macrosociología histórica debe progresar sobre la base de continuos rebasamientos de sus anteriores logros.

 

La macrosociología se quiere ciencia de la totalidad social. Su objeto central es el sistema mundial de las formaciones sociales en interacción efectiva, estando claro que, a diferencia del tiempo actual en donde un sistema mundial único ocupa todo el planeta, la Tierra pudo portar simultáneamente, en el curso de los siglos precedentes, varios sistemas mundiales ignorándose unos a otros. El sistema mundial constituye la sociedad, es decir, la conjunción de relaciones de todo tipo entre los hombres, en todas partes en donde hay hombres efectivamente enlazados entre sí. Al principio, esta afirmación tiene valor de axioma, pero en el transcurso de la investigación se convierte en verdad comprobada.

Abarcando la totalidad social tanto en su estado actual como en su sedimentación histórica, la macrosociología problematiza todas las referencias empíricas. Los territorios le importan porque manifiestan las propiedades espaciales de las estructuras sociales existentes, al término (siempre provisional) de un proceso de territorialización ampliamente desarrollado en y contra la referencia natural. Mutatis mutandis, ocurre los mismo con los atributos de la sociedad, ya se trate de los pueblos y de los lenguajes, de las ciudades o de los campos, de las iglesias y de las empresas o de todas las otras concretizaciones sociales. La macrosociología cuestiona las evidencias empíricas y rechaza las descripciones estáticas, se quiere ciencia del devenir social.

 

De tal forma, la delimitación de los objetos discernibles en el seno de un mismo sistema mundial no procede de la observación de las referencias empíricas, sino de la evaluación de los dinamismos estructurales, de los cuales estas concreciones son los índices. Así, por ejemplo, las fronteras no especifican a los Estados, sino el estudio de la estatización -es decir, de la edificación de los diversos tipos de Estado- hace inteligible la existencia eventual y la naturaleza exacta de las fronteras entre Estados. Es solamente por comodidad metodológica que un segundo axioma invita a considerar como sociedades distintas en el seno de un mismo sistema mundial, los conjuntos de relaciones sociales inscritos en los dominios regidos por Estados distintos. En efecto, dicho axioma permite añadir a las observaciones fundadas en base al comparativismo histórico, otras indicaciones sacadas del comparativismo "internacional". La tipología de las formaciones sociales que se elabora de tal manera permite finalmente identificar las condiciones bajo las cuales los Estados se convierten en los principales delimitadores, de diversas escalas, que especifican otros muchos objetos sociales, bajo el control o a contracorriente de los Estados. Todos los objetos que, como los Estados, están ligados a un espacio, a una temporalidad y a una escala de eficiencia resultante de sus propias estructuras y de las formaciones sociales en las cuales éstas están insertas. Tiempo, espacio y escala son las tres dimensiones de la macrosociología.

 

La macrosociología se centra en objetos tan vastos y tan diversos que una infinidad de teorías puede pretender representarlas. Para escapar a las trampas de "la pluralidad de las interpretaciones" en donde, a pesar de Max Weber, las microsociologías se complacen, es necesario encontrar un anclaje real permitiendo validar y ordenar las representaciones que toma de otras disciplinas o que ella misma reproduce. Este principio de inteligibilidad de lo real social puede ser encontrado en Marx, si se quiere separar del entorno economicista en donde permanece inmersa la teoría de la infraestructura material de la sociedad.

En efecto, lo real social se hace ininteligible si se identifica claramente las propiedad esenciales que presenta en todos los tipos de formación social y si se organiza su representación haciendo de dichas propiedades el criterio de validación y de organización de la teoría social, no obstante las articulaciones requeridas para dar cuenta de los objetos más diversos.

Toda sociedad está evidentemente llena de hombres y nada adviene ahí que no sea un efecto de las actividades humanas. Encandilada por ese truismo, la mayor parte de las microsciologías hace esfuerzos por situar sus observaciones en los actos individuales, en los sentimientos personales, en los intereses o en los valores de los hombres singulares y en otras diversas referencias humano-centristas. Solamente haciendo trampa, sobre la base de verificaciones empíricas e interpretaciones personales o tradicionales, logran sacar esas observaciones teorizaciones más o menos ambiciosas, a las cuales ningún criterio cierto las contiene. La macrosociología echa raíces en la realidad social, situando todas sus representaciones en una propiedad que todas las sociedades poseen bajo una forma que éstas tienden a perennizar, como es: las diferencias de status, cristalizadas en estructuras sociales y generadoras de tensiones y luchas potencialmente desestabilizadoras. Estas diferencias esenciales no son las de las edades y de los sexos, aún si -sobretodo las segundas- se hacen sentir en numerosos dominios sociales; pero no en todos: las observaciones históricas y etnológicas no dejan ninguna duda al respecto, estas diferencias, por más vivas que sean, están clasificadas por tensiones más generales.

Dichas representaciones son frecuentemente imputables a las diferencias entre razas o entre pueblos, generadoras reales o supuestas de conflictos recurrentes (= guerras, invasiones, cruzadas, colonizaciones, etc.). Pero es necesario observar que las razas y los pueblos tienen contornos inciertos y cambiantes. No son objetos sociales primeros, sino manifestaciones ideológico-políticos moldeadas por estructuras sociales que segmentan el poblamiento humano. Los pueblos distintos se exterminan, se yuxtaponen o se confunden, las razas supuestamente distintas se afirman o se mestizan, las guerras estallan frecuentemente al interior mismo de una raza o de un mismo pueblo.

En verdad, las diferencias más generales se deben , en todas partes y siempre, a la desigual distribución de los productos (ingresos, propiedades, etc.) que las estructuras sociales organizan y consolidan, no sin prolongarla por una desigual distribución de los rangos y otras ventajas simbólicas e incluso por un desigual acceso de los hombres y de las mujeres. Estas diferencias estatutarias son de forma y de intensidad variable, a pesar de que las diferenciales identitarias que las expresan son todavía más variables. Pero esta diversidad no puede ocultar un parentesco esencial: todas las sociedades conocidas son estructuralmente desiguales; todas son ricas en tensiones inducidas por sus desigualdades específicas; todas terminan por ser transformadas por el hecho de estas tensiones. O, para decirlo con el vocabulario de Marx: la lucha de clases es el motor de la historia.

 

Para analizar las cadenas de la interdependencia de las cuales la sociedad está tejida, para discernir los ensamblajes diferenciados por la división social del trabajo, para definir las estructuras sociales que acoplan estos ensamblajes en permanentes tensiones, la macrosociología moviliza la concurrencia de todas las ciencias sociales especializadas. Los objetos que debe conocer son tas vastos y tan complejos que cualquier apoyo le es de utilidad. La macrosociología es dueña de las cuestiones que plantea, crea su propio paradigma, pero es tributaria de las respuestas que las disciplinas especializadas pueden procurarle. Organiza estas respuestas según tres objetivos distintos, porque todas las relaciones sociales, desde las más rudimentarias hasta las más sofisticadas, proceden en diversos grados respecto de cada una de las tres funciones generales que toda sociedad (aún delimitada axiomáticamente) debe necesariamente ejercer: producir y repartir el conjunto de las subsistencias requeridas para el mantenimiento de su población y de sus instituciones; organizar de la manera más coherente posible la coexistencia de esta población, no obstante las desigualdades radicales que la dividen; mantener y canalizar las representaciones del mundo real e imaginario en donde esta población inscribe su existencia. La producción, el poder y la ideología resumen con una palabra cada una de esas tres funciones.

 

En otros términos, cada sociedad es una totalidad que el análisis macrosociológico examina desde tres ángulos distintos, para caracterizarla sucesivamente como formación económica, como formación política y como formación ideológica. Estas tres formaciones no son estructuras realmente distintas, son representaciones especializadas análogas a las tres imágenes diferenciadas que la geometría descriptiva da de los objetos materiales de los cuales construye los planos. La sociedad es blanca como una luz que la macrosociología descompone en sus tres colores fundamentales.

 

Las formaciones que las ciencias económicas, políticas y culturales ayudan a tipificar son conceptos analíticos y no imágenes de objetos realmente distintos. La macrosociología articula esas representaciones especializadas en conceptos globales. Así, también proporciona una figuración completa del sistema mundial y de las sociedades que la componen; tiende a detallar los objetos sociales de escala más modesta y de diferencias -reales pero nunca absolutos- que separan estos diversos objetos. Además, inscribe todos estos conceptos analíticos o sintéticos en tipologías explícitas, gracias a las cuales la identificación de los objetos sociales se hace precisa.

En suma, la macrosociología puede ubicarse entre las ciencias sociales más sintéticas. Toda actividad se inscribe en una duración que proporciona a la historia una asidero virtualmente universal. Enteramente, se inscribe también en un espacio terrestre que la hace justiciable de la geografía más ambiciosa. A los lados de la historia y de la geografía, dueñas respectivas del tiempo y del espacio, la macrosociología manifiesta una capacidad sintética virtualmente universal, en la medida en que identifica el armazón de todas las sociedades, es decir, sus estructuras esenciales, comprendidas lo mismo en su diversidad presente, en el seno de un mismo sistema mundial, que en la sucesión histórica de sus formas pasadas.

 

En suma, la macrosociología puede colocarse entre las ciencias sociales más sintéticas. Toda la actividad social se inscribe en una duración que proporciona a la historia una postura virtualmente universal. Entera, se inscribe igualmente en un espacio terrestre que la hace justiciable de la geografía más ambiciosa. Al lado de la historia y de la geografía, dueñas respectivamente del tiempo y del espacio, la macrosociología manifiesta una capacidad sintética virtualmente universal, en la misma medida de sus estructuras esenciales, captadas en sus diversidades presentes en el seno de un mismo sistema mundial, así como en la sucesión histórica de sus formas pasadas.

La macrosociología debe detallar siempre más los criterios de delimitación de la totalidad social en elementos discretos con límites pertinentes. Los hombres viven en grupos. Las sociologías se interesan en las actividades y en los actores inscritos en esos grupos, así como en la estructura y en las transformaciones de esos mismos grupos. La macrosociología se mantiene en los grupos más vastos, es decir, en aquellos que envuelven más actividades y están más cargados de hombres. Con mayor frecuencia, los agregados humanos que estudia son grupos de grupos a la potencia n. Debe conocer hasta los grupos de escala a veces planetaria como son los sistemas mundiales tomados en su totalidad. Estos conjuntos inmensos pueden ser examinados desde diversos ángulos. Aparecen como sociedades en pleno ejercicio, yuxtapuestos o encajonados unos con otros, según el sistema mundial que componen. O bien, de manera analítica, se presentan como economías, culturas o Estados (inseparables de la organización política más o menos compleja que los enlaza a una sociedad y a un sistema mundial). Desde otro enfoque, privilegiando la larga duración, toman la forma de pueblos o de civilizaciones. De manera todavía más analítica, las lenguas, las religiones, los derechos, las artes y otras mil producciones sociales se ofrecen para especializar los exámenes macrosociológicos. Poco a poco, la escala de los grupos así observados se reduce, a pesar de que los agregados humanos pierden su plenitud para revelar solamente sus particularidades desde tal o cual enfoque: la macrosociología se desplaza así hacia un horizonte macrosociológico.

En otros términos, sistemas mundiales, sociedades, economías, culturas, Estados, pueblos, etc. no designan objetos de la misma escala. Los sistemas mundiales son los más totalisantes en el espacio, aún si el planeta ha portado desde hace mucho tiempo una pluralidad de sistemas mundiales simultáneos, nada o débilmente intercomunicantes. Siempre dotados de homólogos exteriores, las sociedades y los pueblos tienen, no obstante, un valor totalisante, no en el espacio terrestre sino en el tiempo, en la historia humana. En cambio, las economías, las culturas y los Estados no son totalidades reales sino representaciones globales que análisis pertinentes pueden extraer de las totalidades precedentes. A fortiori, las escalas de representaciones todavía más analíticas no delimitan pedazos reales de sociedad sino que producen representaciones de lo real social que son cada vez más especializadas y fragmentarias.

 

 

Traducción de Rogelio de la Mora V.


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Macrosociologie

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